lunes, 19 de marzo de 2012

Casas zombis para prosumidores hackers

La arquitectura y el urbanismo de los nuevos barrios son excelentes ejemplos del pensamiento zombi. Es otra de las consecuencias de la era industrial en las que se separaba el trabajo —dizque «producción»— y el ocio —o «consumo»—. Si durante la primera ola el hogar y el trabajo compartían espacio en la mayoría de los casos —basta ver las casas de nuestros abuelos—, en la segunda ola se separaron y se crearon espacios idénticos, cubículos fabricados en cadena, en las afueras de las ciudades donde duermen los mismos que luego atascan las carreteras que llevan a los centros comerciales los fines de semana.
En esto también el pensamiento hacker irrumpe con fuerza: ocio y trabajo no están separados. Las ciudades tienen cada vez más importancia y peso político, pero en esta era informacional su concepción es diferente porque los ciudadanos tienen vidas diferentes y su forma de ganarse la vida también es diferente. Se trabaja en casa, se disfruta en casa, así que nada de perder horas en transporte y, por eso, nada mejor que volver al centro en el que todo está cerca, el barrio, por tanto, tiene cada vez más importancia y también sus vecinos, la comunidad real. Ciudadanos que conectan entre sí, crean comunidad y se lanzan a la autogestión, que deja de ser anécdota para convertirse en norma, a medida que avanza la descomposición y el estado nacional retrocede. Ciudadanos que no se quejan y esperan que otro les solucione el problema, sino que procesan la información para el procomún. Puro conectismo y pensamiento hacker.

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