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sábado, 20 de octubre de 2012

La inútil melancolía zombi

El nieto suele idealizar al abuelo y su época, de la misma forma, la tercera ola a veces idealiza la primera y la convierte en una edad de oro que le sirve de modelo. 
En la siguiente conversación del film español El último caballo (1950), del siempre visitable Edgar Neville, tenemos un excelente ejemplo de reacción contra la era industrial, se diría casi un discurso ludita, y loa a la era anterior. 
España empezaba a industrializarse a duras penas, pero ya se instalaba la melancolía por lo perdido. Un hacker se identificará con la primera parte del discurso de Fernando Fernán Gómez (control del tiempo, trabajar para vivir, el dinero como un medio, la diversión como objetivo vital, el canto al vino y los amigos), pero es imposible compartir la idealización de la era anterior: a caballo solo iban unos pocos y el vino era nefasto. 
Era inevitable resistirse al cambio en los años 50. Igual que es inevitable resistirse al cambio en nuestros días.

lunes, 24 de septiembre de 2012

Zombis en El Corte Inglés

Que la información es un bien comunal es una de las bases del pensamiento hacker. La mayoría de las empresas barrocas siguen creyendo que pueden controlar la información, lo que fue bastante cierto hasta hace algunos años. El Corte Inglés (ECI en adelante) es un paradigma del control de la información y, por tanto, de gestión  zombi. Ya, ya sé que su espíritu de empresa familiar le ha llevado hasta el éxito actual, pero basta con darse un paseo por algunos de sus centros (costumbre extendida por toda España) para observar que ha iniciado un rápido declive. Mala atención, técnicas obsoletas, falta de referencias, calidad media a precios altos, incluso muchas trabas al histórico "si no queda satisfecho, le devolvemos su dinero". Suena al principio del fin de Galerías Preciados... Y que quede claro, no deseo nada malo a ECI, sobre todo por la cantidad de gente a la que da trabajo.
Algunos creen que la competencia de las marcas blancas de alimentación le ha hecho mucho daño; otros, su tamaño desmedido; otros, la pérdida de valor inmobiliario... Sea cual sea la realidad, ECI se encargará de que sepamos lo menos posible, como lo ha hecho siempre.
ECI es uno de los primeros anunciantes de España en los medios zombis (Ya es primavera en la Semana Fantástica). Esta posición representaba poder cuando estos eran las únicas fuentes de información influyentes. Nadie lo confesará, o casi nadie, pero en ninguna redacción se cubrían noticias que pudieran afectar negativamente la imagen de ECI.
El periodista Javier Cuartas, por ejemplo, escribió La biografía de El Corte Inglés en el que se documentaban verazmente algunas obviedades como la connivencia con el poder y el trasiego inmobiliario (no hay PAU sin Hipercor) o la ¿política? sindical. El libro se publicó, pero nunca llegó a las librerías. La leyenda dice que se compraron todos los ejemplares a Espasa Calpe y su entonces director fue nombrado directivo de ECI años después. Ningún medio dijo nada. El ciudadano interesado por acceder a la información se quedo sin ella.
Veinte años después el libro se ha reeditado, dado que miles de personas lo intercambiaban y descargaban de algunas páginas: un éxito incontrolable. A pesar de los esfuerzos de ECI, la información había sido liberada. ¿Cómo no relacionarlo con algunos cambios significativos?  Y en este sentido, ¿ECI seguirá esa senda o hará caso a su adn para llegar a acuerdos con empresas que puedan controlar la información (que ya no son los medios zombis)?

viernes, 8 de junio de 2012

Reflexiones para una educación hacker

1. El sistema educativo que conocemos nace con la revolución industrial. Su objetivo es preparar trabajadores eficaces para la cadena de montaje y consumidores de esos mismos productos. El meme del sistema era el de la red centralizada: escuelas en los pueblos, institutos en las cabeceras de comarcas, universidades en las capitales... como si fuera una red telegráfica. El profesor era el nodo central de la clase, que conformaba, de nuevo, una red centralizada. La autoridad era vertical. De la misma forma, en el sistema económico que se está incubando, la información no circula verticalmente, sino en horizontal y no hay un nodo central, sino colectivo: la red. ¿Preparamos a nuestros alumnos para vivir y formar redes distribuidas o centralizadas?
2. El sistema está apuntalado, en ruina, y los ciudadanos nos movemos entre andamios de los que caen cascotes y polvo cada vez con más frecuencia. De vez en cuando nos llega el ruido de un derrumbe y nos encojemos asustados para que no se nos caiga encima. La salida apunta hacia una tercera revolución industrial basada en el capitalismo de distribución en el que la producción a costes irrisorios hace que las rentas sean bajas y la posibilidad de producir en cualquier lugar y momento disipa las rentas. ¿Preparamos a las futuras generaciones para desenvolverse en ese escenario?
3. En el capitalismo de distribución, las comunidades reales comparten y producen, por ejemplo, la energía, que es volcada a una red común desde la que se distribuye a cada comunidad según las necesidades. Construir redes desde cero es más fácil y barato que cuando ya están formadas, lo que es una ventaja para los que no tienen infraestructuras. ¿Preparamos a nuestros alumnos para producir, procesar y compartir información? ¿Estamos preparados para competir educativamente con países que parten de cero?
4. Igual que las redes centralizadas eran reflejo de una autoridad central, las redes distribuidas empoderan a sus miembros. ¿Preparamos a nuestros alumnos para pedir, tener y compartir el poder?

viernes, 11 de mayo de 2012

Nuestra zombi cultura financiera

Los acontecimientos hacia algo que no sabemos se suceden tan rápido que apenas podemos reparar en lo simbólico de muchos sucesos. Uno de ellos es la desaparición de las cajas de ahorro.
Como es sabido, las cajas nacen a imitación de un modelo europeo que surge en Suiza a finales del XIX y se extiende por Inglaterra y Francia en la primera mitad del XIX. En España, se creó la primera en Jerez, una de las perlas de la fugazmente pujante Andalucía de la primera mitad del XIX. Poco después, en 1838, le siguió la Caja de Madrid, matriz de la recientemente nacionalizada Bankia.
Para que se creara las cajas tuvo que pasar algo trascendental: se planteó el cobro de intereses para los préstamos en concepto de "gastos de gestión". ¿Por qué no se planteó antes? Por la misma razón por la que no hubo bancos, como los entendemos, en España hasta la segunda mitad del XIX.
Los bancos se generalizan con la segunda ola. En España hay intentos con Carlos III (Banco de San Carlos), Fernando VII (Banco de San Fernando) e Isabel II (Banco de Isabel II), pero siempre tuvieron un pie en la ruina y funcionaban a trancas y barrancas. El problema era el pecado, el de la usura, en concreto.
Por resumirlo, los países de cultura católica tenían que lidiar con el hecho de que para la Iglesia los intereses por préstamo eran pecado. Todavía en 1891, el papa Leon XIII —en Rerum Novarum, una enclítica de la que hablaremos muchas veces porque era la respuesta de la Iglesia ante los retos de la era industrial— tacha al interés de "usura" (ya lo había recordado el Santo Oficio en 1836) y anuncia la preferencia de la Iglesia por los pobres frente a los ricos (siempre sospechosos). En definitiva, sienta las bases de la paradójica doctrina social católica ("izquierdista en lo económico, conservadora en lo social") que, a pesar de lo que pretendía, abonó el terreno al socialismo y el comunismo (véase la moderna Teología de la Liberación). ¿Cómo se apañaban los países católicos cuando necesitaban financiación?
Básicamente, pidiéndolo a bancas extranjeras (recordad los Fúcar del Siglo de Oro) o con inventos como los italianos Montes de Piedad (o montepíos) fundados a finales del Renacimiento para combatir la usura, por mucho que algunos quieran olvidarlo, prestando sumas modestas con la garantía de joyas o pequeñas propiedades. En el caso de España, dado el mismo origen y muy similar objetivo, se acabaron fundiendo con las cajas, de ahí el «apellido» de todas ellas (Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Getafe, por ejemplo).
Y cuando surgen la mayoría de los grandes bancos actuales (1857), ¿en qué se diferencian de las cajas? Los bancos eran empresas, por tanto, cobraban intereses. Las cajas eran fundaciones y las ganancias debían dedicarlas a la "obra social". ¿Quién decidía qué era obra social? Pues la sociedad, representada, claro, por los políticos que se sentaban en los consejos de administración codo a codo con los representantes de la Iglesia, en el caso de las cajas en las que seguían conservando participación.
Cuando las cajas desaparecieron hace un par de años, se habló de una nueva época financiera. Algunos creíamos que quizá supondría un cambio de paradigma cultural: ¿dejarían de ser sospechosos los ricos solo por serlo, dejaría el mercado de ser un ser maléfico y animado, dejaría el dinero de ser tabú hasta el extremo de ser negado?...
Dos años después, quincemismo por medio, está claro que el peso de la cultura es muy fuerte y seguimos mirando recelosos, como católicos culturales que somos, a todo lo que huele a dinero y mercado.

jueves, 3 de mayo de 2012

¿Es Vargas Llosa un zombi?

Al hilo del último ensayo del transnacional premio Nobel Mario Vargas Llosa, El espectáculo de la Cultura, creo que los medios zombis (básicamente los del grupo PRISA que promocionan y se ocupan del libro) deberían tener en cuenta algunos conceptos de la ética hacker que ayudan a explicar lo que al Nobel le indigna: que el valor de la alta cultura se ha perdido en favor del banal entretenimiento.
Vaya por delante que no he leído aún El espectáculo de la Cultura, pero creo tener, por lo adelantado en los medios y la presentación del autor a la que asistí en Madrid, una idea suficiente para señalar un par de cuestiones que completan y, en cierta forma, contradicen la tesis de Vargas Llosa. 
1. La ausencia de intermediario

La discusión sobre qué es cultura, es un clásico en la discusión intelectual desde el Renacimiento hasta el siglo XX. Vargas Llosa se lamenta sólo por la supuesta muerte de una clase de cultura: la «alta cultura», «cultura con mayúsculas», «cultura escolar» o cualquier otro término con el que queramos llamar al corpus cultural propio de la burguesía, por tanto, propio de la segunda ola y la era industrial caracterizada por la separación entre consumidor y productor, como señalaba Alvin Toffler. En lo que respecta a la cultura, había una élite que seleccionaba lo que era digno de pertenecer al canon según sus ideales (de ahí que el marxismo reivindicara el arte popular como herramienta para acceder a las masas). Es decir, durante unos siglos nos acostumbramos a la presencia de un intermediario que decidía cuál era la cultura digna de ser consumida.
Con la era informacional, o nueva revolución industrial, el papel del intermediario desaparece porque el consumidor y el productor tienen un escenario donde encontrarse, sin necesidad de filtros, formando una comunidad que atiende solo al gusto o las inquietudes que los reconfortan. En consecuencia, la clase que hasta ayer decidía se queda perpleja, pero no solo porque ya no son tenidos en cuenta para decidir qué es arte o cultura, sino porque formas culturales que se tenían que conformar con vivir en las catacumbas ganan espacio y repercusión. Lo que nos lleva al segundo punto.
2.  El prosumidor
Durante la segunda ola, el arte o provenía del artista,  reconocido como tal, o del artesano que salvaguardaba el espíritu popular-nacional. La industria elegía según sus intereses la obra cultural que conviniera, la procesaba y la vendía para el consumo. Así era con el cine, la literatura, la pintura... Es cierto que había también una cultura académica que a veces no coincidía en un primer momento con el gusto general, pero también lo es que era sólo inicialmente y que era vital para filtrar, decidir y estabilizar el canon escolar-nacional. La vía de comunicación era unidireccional y al consumidor solo le quedaba acatar.
La era informacional acaba con la mencionada separación de papeles entre consumidores y productores: los ciudadanos somos prosumidores. También cuando hablamos de cultura: no necesitamos intermediarios, podemos exponer directamente nuestra obra al consumo (véase el ejemplo de este mismo blog). La herramientas de edición y de publicación permiten que cualquiera pueda devolver al procomún su producto cultural: aparece el fenómeno de la autoedición en Amazon y similares, pero también las películas filmadas con pocos medios, la música... El ciudadano cognitario de la era informacional publica, por ejemplo, sus libros sin esperar a ninguna editorial y los somete al juicio de su comunidad, la que le importa.
En cualquier caso, como bien señala el escritor y crítico Gustavo Faverón, el tener un título (premio Nobel en este caso) no exime de la obligación de estudiar un tema antes de hablar de él, de esa manera Vargas Llosa quizá hubiera caído en que es el final de UN mundo, pero no DEL mundo.

jueves, 29 de marzo de 2012

Huelga general: huelga industrial

Apuntes sobre la Huelga General (más allá de la opinión):
  • De las 35 empresas del índice selectivo de la bolsa española (Ibex 35), apenas tres se dedican a la fabricación de bienes, es decir, son una "industria" en el sentido popular de la palabra; las restantes se dedican principalmente a la energía, la construcción de infraestructuras y los servicios. En el Nasdaq, la proporción cambia a favor de las empresas de servicio, pero no cambia el porcentaje de empresas industriales; no en vano vivimos en la sociedad informacional. 
  • La huelga es una herramienta para la lucha obrera pensada para paralizar las cadenas de montaje de la era industrial. 
  • Hay un acuerdo general en el éxito de la convocatoria en las grandes factorías, es decir, en la inmensas cadenas de montaje.
  • Hay un acuerdo general en el poco seguimiento de la convocatoria en las empresas de servicios.
Vistos estos hechos, se me ocurren algunas reflexiones:
  1. ¿Se asocia la huelga a un tipo de empresa y trabajador o una época?
  2. ¿Cómo se paraliza una empresa que ya no tienen cadena de montaje?, ¿no consumiendo servicios?
  3. ¿Los trabajadores cognitarios de las empresas de servicios (que suelen trabajar en casa o ser autónomos) son susceptibles de hacer una huelga?
  4. ¿Es posible una huelga sin piquetes?
  5. Si la amenaza es global, ¿tiene sentido una movilización a escala nacional?
  6. ¿Hemos vivido la última de las grandes movilizaciones de la zombi era industrial?
[Muchos enlaces, vía Bernardo]