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jueves, 7 de febrero de 2013

La ficción en la era red: Plot 28

A los humanos nos encanta que nos cuenten historias (y contarlas). Forma parte de nuestro mandamiento biológico, seguramente porque nos ayuda a sobrevivir almacenando información que, de alguna forma, nos explica el mundo .
Las charlas alrededor del fuego fueron seguramente el primer escenario y casi el único (salvando el teatro) hasta la llegada de la imprenta, en ese momento pasamos de oír una narración contada a una leída (eran pocos los que sabían leer y los libros, caros). Con el abaratamiento de los costes de impresión y la escolarización estatal-nacionalista, apareció la lectura individual, y un poco después el otro gran escenario de consumo de ficción de la era industrial: el cine (y la posterior televisión).
Hoy, aunque la sociedad se está transformando por momentos, los cambios han pillado desprevenidos a los creadores, que siguen aplicando el mismo esquema industrial de creación una y otra vez, y sólo son innovadores en lo que a la captura de rentas se refiere. Ahora bien, ¿acaso el consumo y producción de ficción no debería vivir transformaciones acorde con la sociedad informacional?
Desde hace algunos años, Javier Hernández, compañero de universidad, coordina un equipo que diseña con tiempo, esfuerzo, motivación y escaso dinero un proyecto que, hasta donde yo sé, es el primero de su clase de esta entidad: Plot 28, un «universo transmedia», es decir, una historia que no se ve limitada por los soportes (texto, cómic, vídeo, animación, música) y que permite que el lector la construya (o sea, que sea prosumidor y no se limite a consumir); y que además es accesible en papel, móvil, pecé o tabletas (aunque, lamentablemente, por ahora sólo está accesible en el ecosistema Apple, esperán poder tenerlo pronto para Android y algunos más). La temática, por si fuera poco, no es muy cara a la comunidad de este blog: un universo ciberpunk, descompuesto y post-apocalíptico en el que una sociedad secreta se enfrenta a los malos que gobiernas países y bancos y organizan Expos del Agua.
No sé si Plot 28 tendrá éxito (aunque lo deseo por la ilusión que hay detrás), pero sí me atrevo a decir que sus responsables son los primeros en experimentar una forma de ficción que dentro de unos años será la norma. Bien merece que sigamos la pista y colaboremos en lo que podamos.

lunes, 3 de diciembre de 2012

De la universidad como forma de literatura

Cuando los ensayistas que han dado forma a la Era de la Información (desde Bell o Brzenzinski, pasando por Castells hasta Himanen) esbozan una sociedad no es nada difícil rastrear un modelo que hunden sus raíces hasta la Grecia clásica. Hablamos de un esquema que sitúa a una nueva aristocracia, que lo es porque es capaz de procesar la información, en la cúspide social.
Dicha nueva aristocracia actualiza viejas ideas platónicas y aristotélicas, como la  visión de ella misma como modelo de gobierno perfecto. Dicha visión será posteriormente anticipada y recreada por la literatura hasta crear un meme. 
Las distopías anticipativas de los escritores, sobre todo de ciencia ficción, se han encargado de reproducir y expandir dicha idea. Por ejemplo, H. G. Wells en The Shape of Things To Come (1933) imaginaba un mundo urbano maravilloso gobernado por una benévola élite tecnocrática. George Orwell culpaba en 1984 a una nueva aristocracia formada por burócratas, científicos, técnicos y académicos de la llegada del IngSoc. En Un mundo feliz de Aldous Huxley la cúspide de la sociedad está ocupada por los Alfas, encargados de todas la tareas intelectuales. Mucho antes, en el siglo XVI Francis Bacon en su New Atlantis también había imaginado un mundo gobernado por La Casa de Salomón, un trasunto de gran universidad mundial, valga la redundancia, que centralizaba el conocimiento (algo en lo que también había insistido H. G. Wells, por cierto). 
La ciencia ficción soviética sería la que hiciera de ello un elemento central, singularmente Boris Strugatski (recién fallecido y quien ha inspirado estas líneas) y su hermano Arkady quienes dibujan planetas gobernados por tecnocracias de científicos y filósofos y poblaciones alienadas.
La cuestión es clara, si todos estos ensayos no siguieran más que una tradición, ¿cómo podríamos creer que la universidad es vital en la sociedad informacional?, ¿hasta que punto los ensayos informacionales no continúan una tradición literaria más que señalar una realidad? Más aún, ¿y si dichos ensayos muestran un deseo más que una probabilidad? El deseo de una sociedad en la que se haya generado una nueva clase encargada de acceder y procesar la información para producir conocimiento, el auténtico ingrediente del progreso. El deseo de una sociedad creada y dirigida, en definitiva, por profesores universitarios... ¿Glups?

domingo, 11 de noviembre de 2012

TaxMadrid: la aplicación para móviles del Ayuntamiento con la que gestionar directamente el dinero de tus impuestos

En pocas semanas se hará público la aplicación que desde hace unos años ha venido diseñando el Ayuntamiento de Madrid para que los ciudadanos podamos decidir desde el móvil dónde aplicar nuestros impuestos. Como conozco a parte del equipo que ha trabajado en el proyecto, os puedo adelantar algunos datos. 
El proceso es muy simple, cada ciudadano recibirá una carta en el que se notifica su clave de acceso. Una vez registrado en una web con los datos de la carta, podrá descargarse a su ordenador o móvil una aplicación (disponible para Android, Iphone y Blackberry, de momento) llamada TaxMadrid. En dicha aplicación constará la cifra que cada ciudadano tiene que pagar en concepto de IBI e impuesto de basuras según los datos del propio ayuntamiento. Basándose en el domicilio de cada ciudadano, se podrá elegir a qué proyectos se destina el 60% de sus impuestos (el 40 % restante lo gestiona directamente el ayuntamiento): proyectos de su barrio (mejora de aceras, calzadas, parques), de su distrito (bibliotecas o colegios) o de interés general de toda la ciudad (infraestructura básica o festejos). Lo más novedoso de TaxMadrid es la posibilidad de que cada ciudadano pueda usar la aplicación para proponer y organizar proyectos e iniciativas y someterlas al voto de sus convecinos.
Esta aplicación va a ser, sin duda, un modelo para otras ciudades. Madrid se convierte, con esta sencilla herramienta en una ciudad pionera en la transparencia, buena gobernanza y empoderamiento de sus ciudadanos. Un camino que las ciudades recorrerán, antes o después.

sábado, 8 de septiembre de 2012

Seremos Suiza, como todos

Se acerca otra de las grandes celebraciones de la era zombi: el 11 de septiembre. Y no me refiero al atentado sino a la borrachera de nacionalismo catalán conocida como Diada que conmemora (supongo que no celebra) la entrada en Barcelona de las tropas borbónicas en 1714 (antes de ayer, vamos). El nacionalismo de las «naciones sin estados» occidentales suelen hacer de las derrotas fechas de celebración, seguramente por influencia de la otra gran religión, el cristianismo, que ve en los pobres, perdedores y perseguidos los elegidos, aunque en casos como el nacionalismo vasco la relación es evidente al celebrar el Aberri Eguna el Domingo de Resurrección (en un paralelismo de fácil interpretación para sus seguidores, aunque nula raigambre histórica).
Como dije en una discusión en Guerras Posmodernas, veo la independencia (sea lo que sea eso) de Cataluña y el País Vasco una cosa hecha a medio plazo. Hala, más banderas y fronteras, por si tuviéramos pocas. 
El nacionalismo español nunca llegó a cuajar ni podrá convivir con otros nacionalismos, porque todos los nacionalismos son excluyentes. El nacionalismo no se evita superponiendo otro, sino superándolo. Pero basta una vuelta por los mencionados rincones geográficos para darse cuenta de que los nacionalistas han encontrado en esta crisis un argumento estupendo y, otra vez, de fácil asimilación para los que viven allí: «somos ricos, si tenemos crisis es porque España nos esquilma para estar de fiesta todo el día; ergo, si fuéramos independientes no tendríamos que darles dinero y seríamos ricos y prósperos porque somos más trabajadores, listos y modernos que allá, en el Sur: seríamos la Suiza de [escriba aquí el lugar del mundo que proceda]».  
El argumento de «seremos una nueva Suiza» es recurrente. En los nacionalismos embrionarios de EEUU, por ejemplo, es un lugar común desde los independentistas de Vermont hasta todos las demás, incluso los más exóticos. Todos estos protonacionalismos tienen en común un origen académico, algún vago argumento histórico justificado con límites geográficos y proponen un futuro ligado a una economía innovadora, respetuosa con la tierra (sagrada, al fin y al cabo) y «lo natural»: Suiza. Me pregunto si realmente hay espacio en Europa o en Norteamérica para tantas Suizas... 
El caso es que vistos ahora los crecientes nacionalismos norteamericanos quizás nos suenen estrambóticos, pero los paralelismos con el origen de la mayoría de los nacionalismos ibéricos es más que evidente: reacción ante la globalización, un sistema económico en crisis y un futuro incierto. «Mejor me quedo aquí, rodeado de montañas. Y seremos felices, lejos de los extraños que son conservadores, antimodernos, sangrientos y vagos, y se llevan nuestro dinero».
Mensaje sencillo, de asimilación rápida: exitoso. 
ADVERTENCIA: Siempre que se toca el tema nacional hay alguien que justifica que el suyo, su nación, es diferente, que en su caso sí existen objetivas razones históricas y culturales que lo hacen inevitable. Y si no se ve es que se es un «fascista-centralista». Como ya me he insultado yo, ruego a los comentadores que vayan directamente a la discusión argumentada.

martes, 7 de agosto de 2012

Universidad, año 2020


La ficción crea la realidad, conviene tenerlo en cuenta ahora que cada vez surgen más voces sobre lo que le viene encima a la universidad zombi... ¿Y tú?, ¿estás preparando tu supervivencia, acumulando conservas con la esperanza de que pase pronto o enterrando la cabeza en el suelo para no verlo?

jueves, 23 de febrero de 2012

La industria zombi del cine

La necesidad de ficción es connatural a la especie humana: nos inventamos historias y las oímos con placer aunque sepamos que son mentira, no nos importa porque nos traen la maravilla. Otros piensan que nos consuelan porque nos explica y ordena un mundo azaroso.
En cualquier caso, cada ola histórica ha tenido su forma de consumir ficción: primero, alrededor de una hoguera; luego, oyendo las canciones que contaban la vida de guerreros; después, representaciones sobre vida de santos o hechos bíblicos en las iglesias; más tarde, obras en patios de vecinos para el beneficio de obras pías. Con la era industrial, llega el cine (en muchos aspectos una evolución de la ópera) para entretener a las multitudes que albergaban las ciudades y que imitaba a la cadena de montaje: todos a una hora, en el mismo espacio para consumir el mismo producto enlatado una y otra vez. En ese modelo, el intermediario captaba la plusvalía; era la época de la industria del cine.
Ahora, que vivimos en la era informacional, los zombis quieren mantener el modelo de negocio, aunque la sociedad entera tenga que adaptarse. En la era hacker, el individuo decide qué ver, cuándo, dónde y con quién. La demanda es clara, algunos la han aprovechado en su beneficio y han interpretado perfectamente lo que el público quiere, ese público que paga para conseguir, como en la prehistoria, su ración de maravilla. Probar modelos de negocios que den respuesta a esta necesidad debería ser una prioridad si la industria del cine estuviera viva, pero están muertos: son zombis.