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domingo, 16 de diciembre de 2012

Aunque no quieras, la vida es compleja

Simplificar es un instinto de nuestra especie. Ante un mundo complejo, nuestra mente se encarga de generalizar para extraer leyes que le ayuden a interpretarlo. "Si hay juncos, debajo hay agua" o "Si hay buitres, debajo hay carroña (comida)", por ejemplo. Sin embargo, este instinto que nos ha ayudado durante milenios se convierte en un obstáculo en el mundo posmoderno.
La realidad es compleja e impredecible, que se lo digan a los economistas (la economía está lejos de ser una ciencia por su incapacidad de predecir), porque entran en juego una maraña de nodos que se conectan o no según diversas circunstancias. Esta incertidumbre nos causa angustia que calmamos inventando certidumbres y simplificaciones. Basta ver el telediario o leer los comentarios en cualquier foro: la religión, el nacionalismo (si es que no son la misma cosa), la política (sobre todo de un tipo de izquierda), parte de la ciencia y la academia... Todos son simplificaciones, relajantes y atractivas, de una realidad compleja, estresante e inasible.
¿Por qué, a pesar del acceso a la información, los ciudadanos tienden a caer, cada vez más e inexplicablemente, en manos de simples explicaciones binarias (blanco o negro, buenos o malos)? Es precisamente la abundancia de información la que nos desasosiega. Es evidente que existe un límite para los datos que podemos procesar y asumir, tenemos un cerebro que se adaptó para simplificar entornos complejos, pero, paradógicamente, en una forma de vida con decisiones más simples.
El enemigo intelectual en nuestros días no son sólo algunas ideas, sino, sobre todo, la tendencia cada vez más acusada a buscar abrigo en las explicaciones demasiado sencillas.
[Entrada inspirada tras una interesante tertulia con Lobo, Jose y Bianka.]

martes, 7 de agosto de 2012

Universidad, año 2020


La ficción crea la realidad, conviene tenerlo en cuenta ahora que cada vez surgen más voces sobre lo que le viene encima a la universidad zombi... ¿Y tú?, ¿estás preparando tu supervivencia, acumulando conservas con la esperanza de que pase pronto o enterrando la cabeza en el suelo para no verlo?

viernes, 23 de marzo de 2012

¿Democracia económica? El ejemplo de Skilling

Si el hombre es un lobo para el hombre, entonces «lo natural» es la competición entre individuos y un sistema económico basado en la lucha egoísta para conseguir un trozo lo más grande posible del pastel (o todo). El capitalismo, por tanto, es consustancial al ser humano. Eso nos contaron desde Darwin hasta aquí durante toda la segunda ola industrial. Pero nunca fue cierto.
Jeff Skilling también lo creyó. Diseñó en Enron, la empresa que dirigía, un sistema interno que promovía la competencia despiadada entre empleados siguiendo la idea de que las personas solo nos movemos por codicia o miedo. Jeff Skilling tenía sobre su mesilla de noche El gen egoísta de R. Dawkins y Libertad de elegir un ensayo de Milton Friedman, ambos autores muy populares entre los graduados de las decenas de MBA de los que surgían los amigotes que dirigirían, unos pocos lustros después, sus empresas hacía la crisis final.
Hoy la biología confirma las observaciones de Kropotkin: somos seres empáticos que colaboramos para asegurarnos la reciprocidad. Que nadie piense en un mundo jipi de paz y armonía, sino en la evidencia de que estamos diseñados para convivir, cooperar y colaborar como estrategia de supervivencia, lo que no es nada fácil ni está exento de problemas. El capitalismo es un juego de suma cero que no deja de provocar conflictos (en el interior de los individuos y entre ellos); en la cooperación se intenta solucionarlos o mitigarlos para ganar todos un poco. Esta diferencia es la clave. Quizá Jeff Skilling también haya caído en la cuenta mientras mira el techo de su celda.

domingo, 26 de febrero de 2012

Que no, el periodismo no se muere

... No: se mueren las empresas periodísticas que nacieron en los albores de la era industrial. Su modelo y concepto están caducados. En la sociedad informacional no tiene valor solo generar información, está a nuestro alrededor y cualquier individuo es un potencial proveedor con su cámara o su blog (que generan información de igual o más calidad que los medios tradicionales en muchos casos), por cierto, blogs que almacenamos en nuestro lector para generar nuestro personal medio de información, hecho a nuestra mediada y gusto, y en el que vale más el nombre del proveedor que la marca que lo alberga.
Aunque lo callen, los medios no dejan de perder lectores, espectadores y oyentes, hasta los más grandes. Pero el público no desaparece: está en la red que lo alberga todo (vídeos, textos y audios). Internet no deja de crecer y busca, siguiendo el modelo dinámico del caos, un modelo de negocio que, en cualquier caso, parece que pasa por márgenes menores y el paradigma de una redacción en red distribuida: ¿cooperativas de periodistas pagados por los lectores?, ¿comunidades de consumo de información?, ¿información ultrapersonalizada y ultralocal, cerca del modelo de los centros de inteligencia?... Aún no lo sabemos.
Sea como sea, ahora más que nunca necesitamos gente que relacione la información para crear conocimiento, que nos interprete el mundo, que nos lo explique. La necesidad existe, lo que sí morirán son las empresas zombis.