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domingo, 16 de diciembre de 2012

Aunque no quieras, la vida es compleja

Simplificar es un instinto de nuestra especie. Ante un mundo complejo, nuestra mente se encarga de generalizar para extraer leyes que le ayuden a interpretarlo. "Si hay juncos, debajo hay agua" o "Si hay buitres, debajo hay carroña (comida)", por ejemplo. Sin embargo, este instinto que nos ha ayudado durante milenios se convierte en un obstáculo en el mundo posmoderno.
La realidad es compleja e impredecible, que se lo digan a los economistas (la economía está lejos de ser una ciencia por su incapacidad de predecir), porque entran en juego una maraña de nodos que se conectan o no según diversas circunstancias. Esta incertidumbre nos causa angustia que calmamos inventando certidumbres y simplificaciones. Basta ver el telediario o leer los comentarios en cualquier foro: la religión, el nacionalismo (si es que no son la misma cosa), la política (sobre todo de un tipo de izquierda), parte de la ciencia y la academia... Todos son simplificaciones, relajantes y atractivas, de una realidad compleja, estresante e inasible.
¿Por qué, a pesar del acceso a la información, los ciudadanos tienden a caer, cada vez más e inexplicablemente, en manos de simples explicaciones binarias (blanco o negro, buenos o malos)? Es precisamente la abundancia de información la que nos desasosiega. Es evidente que existe un límite para los datos que podemos procesar y asumir, tenemos un cerebro que se adaptó para simplificar entornos complejos, pero, paradógicamente, en una forma de vida con decisiones más simples.
El enemigo intelectual en nuestros días no son sólo algunas ideas, sino, sobre todo, la tendencia cada vez más acusada a buscar abrigo en las explicaciones demasiado sencillas.
[Entrada inspirada tras una interesante tertulia con Lobo, Jose y Bianka.]

domingo, 4 de noviembre de 2012

Bases intelectuales de la metáfora zombi

Como señaló Lobo, la metáfora que enmarca este blog («vivimos entre personas que ven una universidad, vida o economía que ya no existe ») es contemporánea y, por tanto, nada original. En los últimos meses no hago más que toparme con la comparación en mil y un ámbitos diferentes. No puede ser una casualidad...
Apenas unas pocas semanas después de abrir este blog, supe de Filosofía zombi, nada menos que Premio Anagrama de Ensayo 2011 (y yo sin conocerlo, glups), de mi tocayo Jorge Fernández Gonzalo. Lo tengo en la lista de «lecturas pendientes» y espero poder meterle mano pronto, aunque, por las reseñas, creo que el pensamiento nuclear de la obra no trata tanto de analizar el corpus del extenso pensamiento muerto actual, sino de tomar la filmografía zombi como excusa para tipificar la sociedad contemporánea. 
En una línea parecida se sitúa «El zombi como metáfora (contra)cultural», un artículo de Ángel Ferrero y Saúl Roas publicado en el 2011, número 32 de la revista Nómadas. Los autores se detienen en el auge del subgénero en series, cómics y películas como prueba de la necesidad social de encontrar un espejo en el que explicarse.
Otro de los títulos de éxito que se apoyan en la idea del zombi es el conocido Zombie Economics, al que llegué este verano por recomendación de un amigo. El subtítulo («How dead ideas still walk among us») dará una idea a los que leen este blog de hasta que punto he disfrutado con la lectura de la obra de John Quiggin que carga contra la economía especulativa de amiguetes, que algunos entienden como «liberal».
 

Pero lo interesante es que por diferentes caminos (la filosofía, la sociología, la economía o la pedagogía) la serendipia nos haya llevado a diferentes personas en diferentes partes del mundo a una misma conclusión: nos dirigen personas que están ideológicamente muertas.

lunes, 8 de octubre de 2012

¿Lee Guerra eterna a Hackers contra zombis?

Guerra eterna, desde siempre en mis RSS, de Íñigo Saenz de Ugarte también ha leído la entrada anterior en Hackers contra zombis, a juzgar al menos por la comparación que hace de Pedro J. como Moisés, además de otros detalles en su última entrada en El Diario.
Es más sencillo enarbolar un iPad en una reunión como si fuera las tablas de Moisés para anunciar cual profeta con línea directa con el ser supremo que el futuro está en las tabletas. 

Igual no y es todo pura serendipia, tampoco importa mucho: mismos caminos y lecturas que llevan a las mismas conclusiones. O no...

lunes, 9 de julio de 2012

En ocasiones surgen blogs

Será efecto de la serendipia o de la red, pero no dejo de saber de amigos (Mohamed, Liria, Bernardo...) que abren blogs para promocionar libros, revistas, comentar la actualidad, ofrecer información y ayuda : ¿habrá pasado el efecto de los libros de caras?...

miércoles, 21 de marzo de 2012

Acerca de la serendipia y el conectismo hacker frente al zombi método científico

El método científico es otro de los memes que trajo la ola industrial, ya saben: la observación conduce a hipótesis que se comprueban para convertirse en tesis o refutarlas. Evidentemente, todo depende del observador y de sus sentidos, por lo tanto, como dijo Popper, todas las teorías deberían ser siempre provisionales. Una teoría que se tenga siempre como real e inmutable se convierte en dogma, en religión.
Mientras que la era industrial se descompone, otro método se está convirtiendo en la vía de conocimiento para esta era informacional: la serendipia. La serendipia consiste en el descubrimiento de hechos, reglas o lugares sin observación ni hipótesis previa. Muchos de los descubrimientos científicos más notables han sido producto de la casualidad y los han llevado a cabo amateurs. Por la misma razón (la casualidad), es un tabú entre la comunidad académica y científica, hasta el punto de que algunos académicos han tenido que montar proyectos de investigación que justificaran sus hallazgos casuales.
En realidad, la serendipia es el verdadero motor del progreso (si es que existe éste, pero eso es otra discusión) y debe casi todo a las redes y el conectismo. Conceptos como trabajugar o invesjugar o frikinstigar recogen la realidad de un modo de vida que no separa la diversión, la pasión, del trabajo. Tras la serendipia está la red: los sujetos que descubren algo por accidente, en realidad están siguiendo los caminos zigzagueantes y enredados que unen nodos aparentemente no relacionados. La lección es clara, cuando dejamos a alguien dedicar su tiempo a relacionar hechos para construir un significado en un tema que le apasiona, surge el conocimiento, el valor. Eso es lo que hace un hacker y por eso su aprendizaje es un modelo.